Hacer y deshacer el amor
Por el dolor, a la alegría.
Beethoven
Has sufrido la muerte de un ser querido, has tenido decepciones amorosas. Hace tiempo que ingresaste en el mundo adulto, te has vuelto suspicaz. Somos almas profundamente heridas. Hemos de procurarnos la felicidad. Hay que hacer y deshacer el amor.
Hay quien hace y deshace el amor como la cama, por las mañanas bien estiradas las sábanas que te esperan por la noche. Hay quien se la encuentra ya hecha, hay a quien se la hacen, y hay quien la deja negligentemente sin hacer todo el día, como una espera impaciente, abortando los tránsitos.
Buscar a Dios en las sábanas limpias, recién puestas, o en las sucias, muy sucias. Buscar a Dios o buscar el amor. Buscarse entre ellas, arrebujarse, perderse blandamente, dar con un cuerpo extraño y querido, tocarlo en la festividad rezongante de la alteridad.
El amor se hace y se deshace, se tiene y se pierde, como el antiguo sentido de posesión del verbo HABEŌ indica.
¿Me quieres? Mucho. ¿Me quieres? Más que a nada en el mundo. ¿Me quieres? Alfileres.
Hacer y deshacer como una tarea. Hay que cultivar ese jardín, cuyo abono es el dolor, para recolectar dicha. Y dejar en barbecho aquella otra tierra. Hay que reconocerse, reconcentrarse, como las semillas bajo tierra, como los cuerpos bajo las sábanas.
Nos pasamos durmiendo un tercio de nuestras vidas, en un mundo con diferentes usos horarios, lo que quiere decir que nunca dormimos exactamente solos. Tapaditos, siempre participamos del calentamiento global del planeta. Miles y miles de seres en posición fetal, como si no acabáramos nunca de venir al mundo.
Hacer y deshacer el amor, como se hacen y deshacen las nubes, siempre las mismas de distintas formas.
¿Me quieres? Pues claro. ¿Me quieres? Sabes que sí. ¿Me quieres? Más que tú a mí.
Hay quien no tiene tiempo y se hecha en cualquier parte, o no duerme. Si alguien cabecea fuera de casa es que está cansado de hacer y deshacer el amor. Si alguien llora, la inclusa de sus ojos han soltado a los niños que llevaban dentro. Niños que han sufrido la pérdida de sus pupilas, que resbalan, se separan y desembocan en un mar, donde tendrán que hacerse la cama, hacerla y deshacerla, como el amor, turbio y claro, concupiscente e ideal, que siempre habrá de arrancarles alguna que otra lágrima.
Hace y deshacer el amor puede convertirse en la obsesión más deliciosa y placentera, como hacer el amor al revés, o deshacer la cama a medias.
Hay quien hace y deshace el amor como la cama, por las mañanas bien estiradas las sábanas que te esperan por la noche. Hay quien se la encuentra ya hecha, hay a quien se la hacen, y hay quien la deja negligentemente sin hacer todo el día, como una espera impaciente, abortando los tránsitos.
Buscar a Dios en las sábanas limpias, recién puestas, o en las sucias, muy sucias. Buscar a Dios o buscar el amor. Buscarse entre ellas, arrebujarse, perderse blandamente, dar con un cuerpo extraño y querido, tocarlo en la festividad rezongante de la alteridad.
El amor se hace y se deshace, se tiene y se pierde, como el antiguo sentido de posesión del verbo HABEŌ indica.
¿Me quieres? Mucho. ¿Me quieres? Más que a nada en el mundo. ¿Me quieres? Alfileres.
Hacer y deshacer como una tarea. Hay que cultivar ese jardín, cuyo abono es el dolor, para recolectar dicha. Y dejar en barbecho aquella otra tierra. Hay que reconocerse, reconcentrarse, como las semillas bajo tierra, como los cuerpos bajo las sábanas.
Nos pasamos durmiendo un tercio de nuestras vidas, en un mundo con diferentes usos horarios, lo que quiere decir que nunca dormimos exactamente solos. Tapaditos, siempre participamos del calentamiento global del planeta. Miles y miles de seres en posición fetal, como si no acabáramos nunca de venir al mundo.
Hacer y deshacer el amor, como se hacen y deshacen las nubes, siempre las mismas de distintas formas.
¿Me quieres? Pues claro. ¿Me quieres? Sabes que sí. ¿Me quieres? Más que tú a mí.
Hay quien no tiene tiempo y se hecha en cualquier parte, o no duerme. Si alguien cabecea fuera de casa es que está cansado de hacer y deshacer el amor. Si alguien llora, la inclusa de sus ojos han soltado a los niños que llevaban dentro. Niños que han sufrido la pérdida de sus pupilas, que resbalan, se separan y desembocan en un mar, donde tendrán que hacerse la cama, hacerla y deshacerla, como el amor, turbio y claro, concupiscente e ideal, que siempre habrá de arrancarles alguna que otra lágrima.
Hace y deshacer el amor puede convertirse en la obsesión más deliciosa y placentera, como hacer el amor al revés, o deshacer la cama a medias.

Uy, creo que he tocado algún botón que no debía jajaja.Yo y la tecnología de mierda.
Hacer y deshacer el amor, como un conjuro que encontramos hasta en las cosas más tontas. ¿Hago el amor cuando pongo pasta de dientes en mi cepillo? ¿Estoy invocando su boca?. Dibujar al otro, esforzándonos, torciendo el gesto en el momento de delinear las manos, la curva perfecta de la garganta. Poblándole las cejas a nuestro antojo, moldeando dientes y adjetivos. Hacer el amor, hacer al otro. Deshacernos de nosotros mismos.
Lo malo, es cuando dejamos de bordear el espejismo...
Efectivamente jajajaj, algo he tocado que ahora desde mi página se puede acceder directamente a "Hacer y deshacer el amor" jajaja. Publicidad gratis, querido.
bien.. hola.
en realidad no deberia estar haciendo esto, es decir, leyendo sus escritos y eso, escribiendole cuando no lo conozco ni me conoce... cuando ni siquiera se su nombre... definitivamente no es algo a lo q este acostumbrada, y me disculpo por el atrevimiento o las molestias q ocacione y eso... pero es q, senti q debia decirle... realmente me gusto mucho su escrito, de una forma q hasta lo senti mio en cada palabra, cada espacio, hasta cada palabra no dicha, pero q se siente latente...
es realmente un hermoso texto y por sobre todo, queria agradecerle por compartirlo. solo eso, q escribe ud muy bien, y no deje de hacerlo...( le escribi aqui, q quizas no es el mejor medio, pero no encontre un mail, sorry)
Hubo unos versos de José Hierro que ya ni tan siquiera recuerdo bien: los reproduzco desde mi torpeza:
Llegué por el dolor a la alegría,
supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso amanecer amanecía.
Y era algo así. Una se pasa media vida escribiendo y, básicamente, sus centenares de hojas garabateadas se resumen en esto. Una intenta ser algo cuando, en realidad, otros ya lo han sido todo, ya lo dijeron todo, y queda poco que decir y, por tanto, poco que ser.
Lo de que hay que hacer y deshacer el amor me ha llegado a lo más hondo: se me han emocionado las entrañas. Le felicito a ud., Chema, porque da lo mismo, pero lo cierto es que casi nada me conmueve. Soy el desencanto, vestido de invierno ahora que hace frío, sudoroso en verano y siempre, al margen de las estaciones, solo y absurdo.